Albeiro Patino Builes
Primeros Años

Para su primer año de estudios, sus padres lo matricularon en el ”Kínder Niño Jesús de Praga”, Una pequeña institución a apenas dos cuadras de la residencia familiar.

Las actividades, no obstante, no se centraban en lo lúdico y el entretenimiento, como podría pensarse (aunque también había espacio para el juego y el disfrute), sino que hacían énfasis en el aprendizaje de la lectura, la escritura y la aritmética. Corría el año 1974, y Albeiro Patiño Builes contaba 7 años de edad.

Inició su educación primaria en la escuela pública ”La Milagrosa”, en Bello, pero sus padres decidieron ingresarlo para empezar el tercer año de estudios al ”Instituto Parroquial Jesús de la Buena Esperanza”, un colegio privado en el centro de la misma localidad, de orientación católica, en el que terminó, además de sus estudios primarios (1975–1979), sus estudios secundarios (1980–1985).

En Barú, Cartagena, en compañía de niños de una escuela local. 2010
En Barú, Cartagena, en compañía de niños de una escuela local. 2010

A los once años (1978) recibió de su padre el libro El milagro más grande del mundo, del escritor norteamericano Og Mandino, y desde entonces se despertó en su alma un apetito voraz por la lectura, especialmente de libros de autosuperación, apetito y voracidad que no han menguado con los años, y que, por el contrario, se han acrecentado, variando sus temas de lectura al ritmo que varían también los de escritura. A la luz de una lámpara, o bajo los calurosos rayos del sol, sentado en un mullido y cómodo diván, o acostado sobre las suaves gramas de un parque, o incluso de pie, contra el marco de la puerta del balcón de su apartamento, sus ojos deslizan la mirada por los renglones de la página, y ven pasar una tras otra las hojas de los libros. Miles de ellas han acariciado su entendimiento, sembrando en su imaginación paisajes, personajes, temas y tramas que se han ido forjando al ritmo de sus insomnios, y de los ratos que le roba al descanso.

Fue precisamente en el ”Instituto Parroquial Jesús de la Buena Esperanza” donde lo picara por primera vez, aún de forma mansa y suave, el bicho de la creación. La Organización de las Naciones Unidas había declarado a 1985 como ”Año Internacional de la Juventud”. Gobiernos nacionales y locales, alcaldías y todo tipo de instituciones académicas y de otros órdenes, se unían de forma activa al festejo. Y el colegio en el que estudiaba no fue la excepción. Convocó, en una de las ediciones del periódico ”Comuniquémonos”, a los jóvenes estudiantes que quisieran escribir un artículo en relación con la juventud. Albeiro Patiño Builes sintió de pronto que una chispa, cercana al musgo de sus deseos, ardía. Nunca había intentado escribir nada literario, pero tenía un gran apetito porque su nombre apareciera en los créditos de colaboradores del periódico. Aquel simple hecho le parecía una cúspide, y él quería alcanzarla. Fue así como vio la luz el primer texto literario que escribiera, titulado justamente ”La Juventud”. Dos fuertes influencias se acusaban en el corto fragmento: la de Víctor Hugo y su poema La mujer y el Hombre, y la de Khalil Gibrán y su libro El Profeta.

Carrera Universitaria

Al momento de decidir carrera universitaria (1986),  a los 19 años de edad, optó por la Ingeniería Eléctrica, especialmente por el gusto que experimentaba por las matemáticas, y de forma particular por los números complejos. La Universidad Nacional de Colombia, seccional Medellín, y su Facultad de Minas, acogieron durante seis años (1986–1991) su álgida curiosidad científica. Su tesis de grado, Diseño y construcción de un convertidor sincrónico, permite que a partir de un sistema monofásico de energía eléctrica, y vía un transformador y una máquina que es tanto motor como generador, se convierta este en un sistema trifásico.

En el Instituto Tecnológico Metropolitano, ITM, de Medellín, presentando su novela "Galán, crónica de un magnicidio". 2015

Un gran beneficio, para pequeñas empresas sobre todo, que pese a la necesidad de contar con energía eléctrica trifásica para alimentar sus sistemas, por residir en sectores más residenciales que industriales, solo cuentan con energía monofásica para activar sus aparatos electromecánicos. Las máquinas diseñadas y construidas (en asocio con una compañera y bajo la tutoría de un profesor) fueron donadas al final de su ciclo académico a la Universidad Nacional, con el ánimo de fortalecer los laboratorios de prácticas de los nuevos estudiantes que habían de pasar en lo sucesivo por los claustros universitarios.

Mientras cursaba las materias de los semestres académicos (1987) en ”La Nacho”, como se conoce coloquialmente a la Universidad Nacional, dos hechos volvieron a mover las fibras literarias que recorrían su cuerpo:

El primero: una tarde, mientras deambulaba por los caminos adoquinados que unían un bloque de aulas con otro en el campus del Alma Máter, se topó con la oportunidad que habría de abrirle de par en par las puertas del mundo literario. En una cartelera colgada de un par de clavos que horadaban una pared, un anunció estrelló sus coloridas letras y su llamativa imagen contra sus ojos avizores: se trataba de la convocatoria para participar en el ”Concurso de cuento conmemorativo de la Facultad de Ciencias Agronómicas de la Universidad Nacional”. La condición era tratar una temática del medio rural. Fue cuando escribió El Viejo Tulio, un cuento de siete páginas, en el que plasmaba algunas de sus experiencias de viaje a la montaña ”El Chocho”, que bordea gran parte de San Jerónimo (Antioquia), la tierra de sus antepasados maternos. El resultado de participar fue un honroso segundo puesto en el concurso, detrás de Mario Escobar Velásquez, un escritor antioqueño consagrado de la época y que acaparaba para entonces muchos de los premios literarios de la oferta literaria nacional.

El segundo: Su padre le entregó, abierto en la página donde se convocaba a un concurso de poesía llamado ”Abril de los Poetas”, un cuadernillo que publicaba, de forma mensual, la empresa textil para la que trabajaba. La de su padre era una invitación a atender aquel llamado, aunque, en última instancia, no hubo  ninguna otra influencia de su parte para que el hijo participara. Albeiro Patiño Builes, sin embargo,  se animó a soñar, y en consecuencia escribió uno de los pocos poemas que ha escrito en su vida. Lo tituló Si fueras perfecta, y lo envió al evento. No ganó. Pero vio publicada su corta poesía en un pequeño tomo en el que se recogieron todas las creaciones enviadas al concurso. La participación en el certamen, y en especial ver su poesía publicada, le alumbraron una comprensión: no quería ser un escritor de poesía ni de pequeños fragmentos, y si acaso de cuentos, sería de colecciones de ellos,  y si algo se despertó en su ser con furiosa pasión, fue el deseo de publicar un libro.

«En sus primeros semestres de estudiante de Ingeniería Eléctrica en la Universidad Nacional, sede Medellín, Albeiro Patiño Builes empezó a curiosear las carteleras y se encontró con la convocatoria del Concurso Nacional de Cuento para celebrar los 75 años de la Facultad de Ciencias Agronómicas. Escribió el cuento El viejo Tulio, que lo ubicó en segundo lugar, después de Mario Escobar Velásquez.»

El Mundo, 24 de Octubre de 2006.

 

Al recibirse  como ingeniero electricista (2 de abril de 1992), su vida laboral, no obstante, lo condujo a las sendas de las Tecnologías de la Información y la Comunicación  (TIC), y no precisa y exactamente a la de los circuitos y las máquinas eléctricas y los  sistemas eléctricos de potencia y los relés de protección. Entre los años 1992 y 1994, una institución de educación no formal le permitió su primer escritorio, educadores y administradores fueron sus primeros compañeros de trabajo, y acuciosos alumnos, a los que acompañó en su trasegar académico, le enseñaron a su vez de la lucha en la vida. Había llegado su época de profesor.

Con su libro, Historias cruzadas. 2002
Con su libro, Historias cruzadas. 2002
Primeros Libros

Curiosamente, fueron estos dos años de actividad docente los que le permitieron penetrar de lleno en el oficio de escritor. Con la idea de que sirvieran de apoyo a la teoría dictada a los estudiantes, la institución para la que trabajaba lo invitó a escribir tres libros técnicos (Principios de Electricidad (1994), Electrónica Básica (1994), y Amplificadores Operacionales y otros Dispositivos Especiales (1995), brindándole así a Albeiro Patiño Builes la oportunidad de firmar sus primeros contratos de edición, así como cumplir el sueño, que también meta, que desde la universidad se había planteado, de escribir y publicar.

Pero una voz en las aulas donde trabajaba lo llamó de nuevo a estudiar. Y en 1993, en la Universidad de Antioquia, dio inicio a la carrera de Comunicación Social y Periodismo, la cual abandonó cuando apenas terminaba el primer semestre debido a incompatibilidad horaria entre la actividad académica y la laboral.

Pero esa voz, no obstante, seguía reclamándole,  muy dentro de su cabeza, la necesidad de profundizar en sus conocimientos literarios. Y como sus responsabilidades en la institución de educación no formal, pese a todo, le dejaban algún tiempo libre, se inscribió en los talleres de escritores que dictaban en el auditorio de la Biblioteca Pública Piloto (BPP),  Manuel Mejía Vallejo, los miércoles de 4 a 6 de la tarde, y Mario Escobar Velásquez, los sábados de 10 a 12 del día.

Con el escritor Manuel Mejía Vallejo (qepd) su mentor, en la Biblioteca Pública Piloto, en 1992

Prácticas exigentes que no solo le ayudaron a adquirir conocimientos de novela, cuento, ensayo, técnica narrativa y gramática y redacción, sino que le permitieron recopilar una serie de cuentos que el escritor Manuel Mejía Vallejo consideró meritorios para realizar una publicación. Con el apoyo económico de la misma BPP y el otrora Colcultura, actual Ministerio de Cultura (Colombia) el libro de cuentos Historias cruzadas vio la luz en diciembre de 1994.

Época Reciente

En 1995 dejó la institución de educación no formal, con el único fin de cerrar la que consideraba una meta lograda y continuar su camino. Fue así como ingresó a la entidad en la que ha trabajado hasta la fecha en Tecnologías de la Información y Comunicación.

El dedicarse a las actividades informáticas no le restó impulso a la ambición de continuar en la busca del camino que lo llevaría a ser un escritor. En 1996 ganó el I Concurso Nacional de Cuento de la Asociación de Empleados del Banco Industrial Colombiano ADEBIC.

Así mismo, en 2003, volvió a las aulas, esta vez las de la universidad Eafit, donde se graduó como Especialista en Hermenéutica Literaria. Su tesis consistió en escribir una novela y, paralelamente, escribir otro libro, este sobre el proceso de escritura de la novela. Fue así como nacieron Bandidos y hackers (la novela), publicada en 2007, y Construir una novela, cómo orientarse en el proceso de creación literaria (el libro sobre la novela), publicado en 2011. En 2010 había publicado Phishing, novela con la que se acercaba a otra meta que se había propuesto: la de escribir una trilogía temática sobre la historia de la informática y los delitos informáticos. La idea se le había ocurrido a propósito de Bandidos y hackers, primer libro de la trilogía, la cual termina con Intimidación, publicado en 2014.

Con empresarios norteamericanos en un evento de tecnología en el Ceasars Palace de Las Vegas, Estados Unidos, en 2006

En 2014 también publicó Galán, crónica de un magnicidio, novela en la que recopila literariamente los sucesos de los tres meses anteriores al magnicidio de Luís Carlos Galán Sarmiento, ocurrido en agosto de 1989.

En 2010, de nuevo, volvió a las aulas, pero esta vez para estudiar Alta Gerencia en la Universidad de Medellín, y en 2012 complementó estos estudios haciendo una maestría en Dirección Estratégica, Planificación y Control de la Gestión en el IEE de España.

Con Jota Jairo Hoyos, de Múnera Eastman, en un conversatorio a propósito de su libro "Galán, crónica de un magnicidio", en 2015
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